Introducción: cinco siglos de viñas en tierra mexicana
Pocas historias vitivinícolas me sorprenden tanto como la historia del vino en México. Uno asocia el país con el tequila, el mezcal o la cerveza, claro. Y sin embargo México fue el primer territorio del continente americano en plantar viñedos europeos con éxito. Antes que Perú. Antes que Chile o Argentina. Desde aquellas primeras cepas que trajeron los conquistadores en el siglo XVI hasta el auge actual del Valle de Guadalupe, en Baja California, la viña mexicana ha aguantado prohibiciones, revoluciones y décadas de olvido absoluto para acabar colocando botellas en las mesas de los mejores restaurantes del mundo.
En este recorrido repasamos los hitos: los viñedos misionales del virreinato, la cuna de Parras de la Fuente, el trasplante a Baja California, la denominación de origen de Valle de Parras y el boom enoturístico contemporáneo. Y, como siempre en Tierra de Vinos, cerramos con datos prácticos para que puedas comprobar sobre el terreno, copa en mano, esta historia viva.
Los orígenes: la vid llega a la Nueva España (siglo XVI)

La viña viajó a América en los barcos de la conquista. Hernán Cortés, en su ordenanza de 1524, instó a los encomenderos a plantar viñedos en sus tierras. La razón era tan práctica como espiritual: sin vino no habría misa, y sin misa no habría asentamiento europeo duradero. Las primeras plantaciones documentadas aparecen hacia 1521-1530 en torno a la Ciudad de México, con uvas traídas desde España, sobre todo listán blanco (palomino) y missions, llamada así por su papel en las misiones —emparentada con la monastrell o criolla grande, según los ampelógrafos—.
El monopolio real y las limitaciones coloniales
El problema vino de Madrid. La Corona, empeñada en proteger el comercio con los viñedos peninsulares, prohibió en distintos momentos de los siglos XVI y XVII plantar nuevas viñas y elaborar vino en sus territorios americanos. Solo se permitía lo necesario para el culto. El resultado es paradójico: la vid sobrevivió de forma marginal, protegida por misioneros y frailes, refugiada en regiones remotas donde la autoridad real llegaba tarde y mal.
Ese refugio fueron los viñedos misionales: parroquias y conventos jesuitas y franciscanos que necesitaban vino de misa. De esa red nació la tradición vitivinícola más antigua que se conserva en México, y también su región vitivinícola más veterana.
Parras de la Fuente: la cuna del vino mexicano
En el actual estado de Coahuila, al norte del virreinato, los jesuitas fundaron en 1594 la Misión de Santa María de las Parras y plantaron viñas para asegurar el vino de misa. Se considera que es el viñedo en funcionamiento más antiguo de América, precedente incluso de las plantaciones de Mendoza en Argentina (siglo XVI avanzado, consolidadas en el XVII). En 1597 se estableció formalmente la Hacienda de San Lorenzo, vinculada a la orden, cuyas instalaciones vinícolas siguen en pie. Cinco siglos. Dejémoslo caer de nuevo, porque impresiona.
Esa continuidad histórica tiene reconocimiento oficial: en 1977 se creó la Denominación de Origen Valle de Parras, la primera DO de México y, en la práctica, una de las más antiguas de América. Parras, además, es Pueblo Mágico con un microclima singular: a más de 1.500 metros de altitud, con manantiales de agua dulce en plena zona semiárida, la uva madura con noches frescas que preservan acidez.
Casa Madero: la bodega más antigua de América
La Casa Madero, formalizada en 1597 sobre la hacienda jesuita original, se presenta como la bodega más antigua del continente. Hoy elabora vinos modernos con tempranillo, cabernet sauvignon, chenin blanc y la variedad estrella local, la parrasina (una selección de uva misional), a precios razonables: en México sus botellas se encuentran habitualmente entre 250 y 700 pesos MXN (unos 13 a 35 EUR). Su Chenin Blanc y su Gran Reserva SHV son referencias fáciles de encontrar en cavas mexicanas.
Otros proyectos de la zona: Rivero González, Hacienda San Lorenzo y Don Leo, que confirman el renacer vitivinícola de Coahuila. La mejor época para visitar Parras va de agosto a octubre, durante la vendimia, y se llega cómodamente en coche desde Saltillo o Torreón (entre una y dos horas).
La vid en el centro del país: Querétaro y Aguascalientes
Mientras Parras sostenía la tradición del norte, el centro del país desarrolló su propia vinicultura. En el siglo XVII, el marqués de la Villa del Villar, don Juan de la Fonte, impulsó plantaciones en la región de la Cañada en Oaxaca, y más al norte la vid se extendió por Aguascalientes y Querétaro. La referencia clave del siglo XX es Ezequiel Montes, Querétaro, donde en los años ochenta la familia española Freixenet encontró condiciones ideales para plantar cavas al estilo del Penedès.
Esa apuesta, concretada en la bodega Freixenet México (Finca Sala Vivé), transformó a Querétaro en la segunda región vitivinícola del país y en la capital del espumoso mexicano. La ruta del queso y el vino de Tequisquiapan y Bernal, impulsada por el gobierno estatal desde finales de los noventa, es hoy uno de los destinos enoturísticos más visitados del país, a solo dos horas en coche desde Ciudad de México.
Junto a Freixenet México destacan bodegas como Finca Sala Vivé, Viñedos Azteca, La Redonda y De Cote. La altura (más de 1.900 metros en algunos viñedos) y la amplitud térmica favorecen espumosos frescos y tintos de gewürztraminer, pinot noir, macabeo y syrah. Los precios van desde los 200 pesos MXN (10 EUR) de los espumosos básicos hasta los 1.500 pesos (75 EUR) de las reservas de larga crianza.
Baja California: la región que cambió la historia del vino en México
Hacia finales del siglo XVIII, los frailes dominicos, siguiendo la ruta de las misiones hacia el norte, llevaron la vid a la Alta California. El hito clave para Baja California llegó en 1888, cuando el dominico Francisco Ranzier legó las viñas de la Misión de Guadalupe a un inmigrante ruso, León (Lev) Damm, miembro de la comunidad molokana asentada en el valle. De esas cepas misionales nace la tradición vitivinícola de lo que hoy es el Valle de Guadalupe.
Del siglo XX al renacer contemporáneo
El gran despegue llegó con el ingeniero Ángelo Cetto, inmigrante italiano que en los años treinta compró tierras en el valle y modernizó la viticultura; su hijo L.A. Cetto consolidó la bodega en los setenta y ochenta, impulsando variedades como el nebbiolo, que hoy es casi una seña de identidad regional. En paralelo, Pedro Ferrer fundó Domecq (hoy Casa de Piedra pertenece a otra saga: Hugo D’Acosta, formado en Burdeos, marcó el capítulo siguiente).
El verdadero punto de inflexión fue la creación de la Casa de Piedra por Hugo D’Acosta en 1997 y la Escuelita, su escuela de viticultura y enología, que formó a toda una generación de enólogos mexicanos. A ello se sumó la llegada del crítico Robert Parker, que a comienzos de los 2000 puntuó muy positivamente vinos de la región (destacando los de Casa de Piedra y Henri Lurton en Mogor Badán), desatando el interés internacional. Desde entonces el valle no ha parado de crecer: más de 150 bodegas activas, restaurantes de renombre mundial como Coração de Tierra de Diego Hernández o Animalón, y una hotelería boutique alrededor de la ruta del vino.
El Valle de Guadalupe hoy
La zona vitivinícola de Baja California incluye, además del Valle de Guadalupe, los valles de Ojos Negros, San Vicente, Santo Tomás y La Grulla. El clima mediterráneo, influido por la corriente fría de California y la niebla que sube desde el Pacífico, permite elaborar tintos maduros pero con frescura. Las variedades más plantadas son cabernet sauvignon, merlot, tempranillo, syrah, nebbiolo y, en blancos, chenin, chardonnay y sauvignon blanc.
Entre las bodegas imprescindibles: Casa de Piedra (cuyos vinos De Parcela y La Locomotora se agotan rápidamente y pueden superar los 2.000 pesos MXN, unos 100 EUR), Mogor Badán (con su aclamado chardonnay), Paraíso del Marqués (también en Valle de Parras), Cetto (la mayor, con vinos desde 150 pesos MXN hasta reservas de 800), Viña de Liceaga, Domé y Solar Fortun. La ruta del vino es transitable en un fin de semana largo; la mejor época es primavera y otoño, con las Fiestas de la Vendimia de Ensenada entre julio y agosto.
En 2020 se declaró la Denominación de Origen Valle de Guadalupe, que se suma a la de Valle de Parras y a la más reciente DO San Vicente (2021). Existen además indicaciones para los valles de Ojos Negros, Santo Tomás y La Grulla, en un proceso de segmentación que busca diferenciar terruños.
Siglo XX: prohibiciones, revolución y renacimiento

No toda la historia del vino en México ha sido avance continuo, ni mucho menos. La Revolución de 1910 golpeó las haciendas vitivinícolas del norte, y las décadas posteriores favorecieron la cerveza, los destilados y los refrescos frente al vino de mesa. Las restricciones de venta de alcohol de los años veinte y treinta (anteriores incluso a la Ley Seca estadounidense) y la baja cultura del vino en el consumo nacional mantuvieron la industria en cifras modestas hasta los setenta.
El cambio vino de la mano de la apertura económica y de los gobiernos estatales de Baja California, que desde los ochenta apostaron por el enoturismo. Hoy México produce alrededor de 4 millones de cajas al año (cifras aproximadas del Consejo Mexicano Vitivinícola) y consume más vino del que produce. Lo cual deja margen de crecimiento, y bastante.
Cómo se elabora el vino mexicano hoy: zonas, uvas y estilos
El México vitivinícola se organiza hoy en tres grandes zonas:
- Noroeste (Baja California): el 75% de la superficie plantada del país. Tintos mediterráneos de tempranillo, nebbiolo y syrah; blancos de chardonnay y sauvignon blanc; y una escena de vinos naturales y proyectos garaje muy dinámica.
- La Laguna (Coahuila y Durango): Parras y su DO histórica, con tintos de tempranillo y cabernet, más el proyecto San Vicente en Coahuila.
- Centro-norte y altiplano (Querétaro, Aguascalientes, Zacatecas, Guanajuato, San Luis Potosí): espumosos de método tradicional en Querétaro, tintos frescos de altura en Zacatecas y proyectos emergentes en Guanajuato (San Miguel de Allende y Dolores Hidalgo).
En cuanto a estilos, el vino mexicano contemporáneo tiende a la madurez alcohólica (entre 13,5% y 15% en los tintos del Valle de Guadalupe), aunque hay una nueva generación que persigue más frescura: vendimias más tempranas, menor extracción, crianzas más sutiles. El espumoso de Querétaro y el nebbiolo bajacaliforniano son, quizá, las dos señas más distintivas del país.
Temperaturas de servicio y maridaje básico
- Espumosos de Querétaro: servir entre 6 y 8 °C. Maridan con mariscos de la costa mexicana, tostadas de atún y quesos frescos.
- Blancos (chenin, chardonnay, sauvignon): entre 8 y 10 °C. Ideales con ceviches, pescados de estilo veracruzano y cocina baja californiana de productos locales.
- Tintos jóvenes de tempranillo o syrah: entre 14 y 16 °C. Con tacos de arrachera, cortes a la parrilla y quesos añejos como el queso de Oaxaca curado o el cotija.
- Nebbiolo o cabernet de guarda: entre 16 y 18 °C. Carnes de caza, mole de guajolote y quesos añejos.
Consejos prácticos para el enoturista en México
- Cuándo ir: la vendimia en Baja California es de julio a septiembre (las Fiestas de la Vendimia de Ensenada son el momento cumbre); en Parras, de agosto a octubre; en Querétaro, la Fiesta de la Vendimia se celebra en verano, y la Ruta del Queso y el Vino funciona todo el año.
- Cómo llegar: al Valle de Guadalupe se accede desde Tijuana (1 hora) o Mexicali (1 hora 30) en coche, idealmente con conductor designado o tour (ofrecen rutas guiadas desde Ensenada). Querétaro está a 2 horas de CDMX en coche y con tren directo desde la capital al Bajío.
- Presupuesto: visitas con cata desde 150 a 400 pesos MXN (8-20 EUR) por persona en bodegas medianas; las experiencias gastronómicas de alto nivel pueden superar los 3.000 pesos MXN (150 EUR).
- Un consejo: reserva con antelación en Casa de Piedra, Mogor Badán y Finca Sala Vivé. Los cupos diarios son limitados y se agotan con semanas de margen en temporada alta.
Preguntas frecuentes sobre la historia del vino en México
¿Cuál es la bodega más antigua de México y de América? Casa Madero, en Parras de la Fuente, Coahuila, fundada formalmente en 1597 sobre las viñas de una misión jesuita. Se considera la bodega en funcionamiento más antigua de América.
¿Cuáles son las denominaciones de origen del vino mexicano? La primera fue la Denominación de Origen Valle de Parras (1977). Le siguieron la DO Valle de Guadalupe (2020) y la DO San Vicente (2021), además de indicaciones vinculadas a otros valles de Baja California.
¿Por qué se dice que la historia del vino en México es anterior a la de Argentina o Chile? Porque las primeras plantaciones documentadas en Nueva España datan de los años veinte del siglo XVI, décadas antes de que la vid se consolidara en el Cono Sur, y el viñedo de Parras (1594) es anterior a la viticultura estable de Mendoza.
Conclusión: una historia que se escribe copa en mano
La historia del vino en México es la de una pasión que sobrevivió a los monopolios reales, a las órdenes religiosas clandestinas, a la Revolución y a siglos de desinterés comercial. De las viñas misionales de Parras en 1594 a los espumosos de Querétaro y al boom internacional del Valle de Guadalupe, el vino mexicano ha pasado de ser un secreto local a un actor relevante en el mapa vitivinícola mundial.
Para el viajero, la buena noticia es que esta historia se puede recorrer. Una ruta que conecte Parras, Querétaro y el Valle de Guadalupe en una o dos semanas ofrece un viaje de cinco siglos entre copas, con bodegas centenarias junto a proyectos de vanguardia y una gastronomía que eleva cada maridaje. Si aún no has probado un tempranillo de Parras o un espumoso de Ezequiel Montes, te animamos a hacerlo: hay pocos países donde el pasado y el futuro del vino convivan con tanta intensidad. Y, como siempre, bebe con moderación y elige el conductor designado antes de brindar por la historia.
